Por Nallibet Romero.

La presencia del hombre en el planeta está marcada por su capacidad de solucionar las dificultades. En el caso del señor Álvaro Román Sánchez,  no es la excepción con sus 66 años a cuestas, nacido en la República de Colombia, en el Dpto. de Antioquia, miró de cerca los infortunios de la vida, la inseguridad, la falta de trabajo, los paramilitares, y la salud entre otras adversidades, hacen que este humilde señor emigre del pueblo que lo vio nacer, hasta territorio Venezolano.

Álvaro es un hombre de temple de acero, laborioso del campo, conversador y agradecido por todo cuanto ha conseguido en la geografía venezolana. “Me vine a Portuguesa, me gusta trabajar la tierra” nos comenta, allí está la magia de la supervivencia y el amor a la naturaleza, su contacto, los pájaros, las madrugadas marcan a uno, relata nuestro entrevistado con una fantástica expresión y una leve sonrisa nostálgica.

Del Estado Portuguesa he venido a parar aquí al hospital Luis Razetti de  Tucupita, esto como una osadía que se lo agradezco a Dios, él es todo para mí y por supuesto mi familia. Nos menciona muy tranquilo, tengo  cáncer terminal a nivel bucofaríngeo y una hernia hiatal, cuando nos dice esto, alza suavemente su camisa y muestra en su parte abdominal izquierda justo cerca del hemitorax, dos sondas por donde recibe su alimentación, “Ingiero por aquí la agüita, juguito y alimentos en forma licuada” expresa el señor Álvaro.

Esto es como un cuento increíble de creer, vea Ud.- y mirando a través de sus lentes transparentes, inicia su historia: Al saberse que tengo cáncer muy avanzado, un médico cubano me trató muy bien y preparó todo para la operación, esta sería en el hospital Razetti de Tucupita debido a que a este médico, lo trasladarían para la capital deltana, incluso me dio su número de teléfono para tener contacto permanente. Cuando faltaban tres días para la operación, lo llame, no obtuve respuesta, al siguiente día, tampoco. Sin embargo, tomé el bus que me condujo a Tucupita, me vine solo y nuevamente llamé al teléfono citado. No di con el Dr. De allí me dirigí al C.D.I. del hospital y me relataron los médicos  cubanos que laboran allí que  mi doctor había viajado a Cuba..! Dios mío. Qué hago? En medio de tantas dificultades, me encomendé a Dios. Los médicos me refirieron con otra  doctora, quien de inmediato preparó todo y en forma exitosa, realizó la operación que mi anatomía necesitaba tal cual lo había previsto mi médico.

Ahora estoy convaleciente admirando y reconociendo todo el personal humano del hospital, Razetti,  jamás había visto tanta solidaridad “en mi país me hubiese muerto”  aquí me trataron a cuerpo de rey. La sala hospitalaria es excelente, es mejor que una clínica, esto es de primera. Así relata pausadamente entre intervalos de tos y compungido entre pequeñas lágrimas que afloran en sus ojos. Nunca olvidaré la generosidad de la gente de Tucupita. Vea, para mi retorno, hicieron una colecta entre varios amigos y amigas que conocí  y la oficina de labor social de este hospital, me obsequiaron dinero en efectivo para mis gastos… gracias Tucupita y a esos buenos amigos que me ayudaron, nunca me sentí solo ni abandonado aquí, las personas, los  médico, paramédicos, enfermaras, estuvieron pendiente de mí en todo momento…El Delta es Generoso. Fue muy emotiva la despedida en el terminal de pasajeros de Tucupita de este agradable personaje, ya está junto a su familia en su querida Acarigua.

Por eso quien suscribe evoco las sabias palabras del sumo pontífice El Papa Francisco “   Mirar siempre al otro con misericordia y amor sobre todo a quien tiene necesidad de ayuda”

 

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