Un mes después de la visita a las instalaciones de la Contraloría municipal de Tucupita de una delegación conformada entre otros por la Gobernadora Dra. Lizeta Hernández y el Diputado reelecto Pedro Carreño, se produjo la destitución del ex Contralor municipal, Pedro Castañeda.

La Gobernadora había anunciado en medio de una cadena de radio ordenada desde el salón principal del PSUV Delta, donde decenas de simpatizantes se habían congregado para escuchar la primera alocución oficial luego de obtener la victoria en número de tres diputados a uno en las parlamentarias del 6D.

Victoria que de paso convirtió al Delta Amacuro en el estado porcentualmente más rojo rojito del país, con votos que superaron el 60% de preferencia por la tolda chavista.

La destitución fue la crónica de una muerte anunciada, durante casi un año se instaló una agria polémica entre un grupo de trabajadores del ente contralor y su máximo representante, agravando cada vez más la situación.

Las diferencias políticas, con base en la presunta influencia que pudo tener un hermano del Contralor saliente, aliado natural de la Gobernadora y contendor del Alcalde de Tucupita, sobre su gestión, y una presunta discrecionalidad en la ejecución presupuestaria, observable según los manifestantes en decisiones tomadas a espaldas de la masa laboral, fueron parte de los argumentos empleados al solicitar la destitución de Castañeda.

La situación llegó a su punto más crítico con las amenazas de funcionarios de ambos bandos de agredirse físicamente, generando varios espectáculos bochornosos tomando en cuenta su investidura.

El caos resultante motivó la intervención de la institución, emanando una orden de la Contraloría nacional de sustituir a Castañeda por un Contralor transitorio Alberto Moreno, funcionario de vasta experiencia en la Contraloría estadal, a fin de restituir el orden y preparar el terreno para la escogencia de un nuevo Contralor.

En fin, una de las tantas batallas intestinas que se libran en nuestro estado.

 

 

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