Niño warao remando

Lo mismo vale para la pesca deportiva, el fútbol playa y la jabalina. Nos hemos dejado seducir por deportes exóticos, el básquetbol por ejemplo, que no se comparece con nuestra estatura y biotipo, y hemos olvidado nuestras raíces.

7.000 años remando, flechando, jugando sobre la arena, y nos decantamos por un aro a 2 y ½ metros del suelo. No es que este mal, tenemos la capacidad de ser buenos en todo, pero hay disciplinas que se nos dan en forma natural.

Es como cambiar un hermoso cabello negro azabache por un oxigenado cabello de celuloide, o la frescura y flexibilidad del chinchorro por la rigidez y textura de fibra sintética del colchón.

Nuestra fibra muscular, conformación ósea, anatomía, fenotipo y genotipo, reflejos, habilidades y fuerza, tiempo y ritmo físicos, fueron tallados a cincel y fuego por la naturaleza, y en pasmosa desorientación hacemos de lado nuestras facultades primigenias.

Puede que sí, puede que no, habría que verlo, pero de seguro en Río habríamos dado la pelea.

 

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