Varios deltanos se disponen regresar a casa tras arribar de Trinidad y Tobago y haber cumplido el confinamiento en Tucupita / Tanetanae.com.

Katiana Peña es una pedernaleña que migró desde Delta Amacuro, Venezuela, hasta Trinidad y Tobago en el año 2018. Afirma no haberlo pensado mucho ante el desmoronamiento de la economía del país petrolero, que ahora se ha mostrado más deprimida por la pandemia del coronavirus.

Un día tomó un bolso, guardó dos mudas de ropas, algo de dinero y se marchó al destino donde ahora vive.

Ella ha visto de cerca el sufrimiento de los venezolanos, sobre todo el de los deltanos. Relata que ha presenciado tres procesos difíciles de migración: una en el año 2018, cuando inició el éxodo ilegal deltano hacia la vecina isla. En esta oportunidad afrontó las severas redadas de la policía y las detenciones de sus paisanos. Katiana miraba y lloraba. Era otro sufrimiento aunque esta vez tenía comida de sobra y el pago por su trabajo le alcanzaba para alimentarse bien y enviar dinero a su familia en Pedernales, una pequeña localidad que está al norte de Delta Amacuro.

Pero estar lejos de casa y de su familia implica nuevos retos. La señora Peña cuenta que el segundo momento difícil para su estadía la invadió cuando el gobierno de Trinidad y Tobago habilitó la posibilidad de registro para los venezolanos ilegales, en mayo de 2019. Cientos de deltanos cruzaron ilegalmente la frontera con la esperanza de apuntarse en los papeles.

«Fue horrible, vi a conocidos dormir en el suelo, con hambre, frío. Había gente con la ropa muy sucia y con ojeras, como todo unos indigentes. Menos mal conocí a una buena familia que me apoyó desde que llegué aquí», cuenta Katiana Peña.

Ahora le ha tocado ver a sus paisanos desalojar los apartamentos por no poder saldarlos, ante la imposibilidad de trabajar, ya que el gobierno ha extendido el confinamiento social en dos oportunidades. Esta vez es hasta el 15 de mayo, aunque Katiana teme que se se prolongue. Está preocupada, no por ella- porque se ganó la confianza y el cariño de una familia trinitaria- , sino por los ciudadanos que arribaron con un sueño a la isla, pero ahora deberán regresar al país desde donde huyeron de las múltiples carencias.

«Sí están desalojando a algunos venezolanos, pero también están ayudando a los venezolanos legales e ilegales. Quienes ayudan son las iglesias, Acnur y entre venezolanos», revela Katiana, quien asegura haber aportado a reducir la zozobra de varios criollos.

Explica que, los venezolanos que están siendo «echados», forman parte de la oleada de migrantes que recién arribaron a Trinidad y Tobago, por lo que no tuvieron «suerte» ni tiempo de asentarse con éxito. Son quienes ahora han  sido notificados que deben abandonar los apartamentos. No obstante, existe una importante cantidad de criollos que permanece sin problema alguno en la nación caribeña: los que llegaron previo a la pandemia, antes del cierre de puestos de trabajo.

El regreso de los deltanos ha causado- en cambio- temor en Tucupita, ya que, de acuerdo con un balance oficial expuesto el pasado miércoles por la gobernadora Lizeta Hernández, varios de ellos no habían reportado su retorno ante las autoridades sanitarias, en medio de una emergencia mundial por el nuevo coronavirus. Dos grupos de venezolanos  retornados ya volvieron a casa recientemente tras aguardar en aislamiento preventivo, pero conforme avanzan los días de encierro colectivo en Trinidad y Tobago, más venezolanos se han visto obligados a volver.

«Nadie quiere volver a Venezuela, allá la cosa está  peor cada día, pero deben hacerlo  porque aquí se han quedado sin trabajo por el coronavirus», finaliza Katiana Peña.

 

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