Las zonas industriales han demostrado ser emporios de riqueza en el mundo.

Las hay en las grandes ciudades del orbe y las hay en Venezuela. Existen en Caracas, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo, y en cualquier otra ciudad importante del país.

También la hay en el Delta, Tucupita tiene su propia zona industrial, que por desuso, negligencia o crecimiento vegetativo de la población a expensas del sector público, se ha ido urbanizando paulatinamente restándole espacio a las actividades productivas.

Basta con darse una vuelta por la carretera nacional para saber de qué les hablamos, los depósitos de Mercal, Pdval, Pdvsa Gas, la Polar, la CVG al comienzo de Paloma y al final de Carapal, la sub estación eléctrica, las instalaciones de la cocotera, la cárnica, los galpones de cría de pollos, las pequeñas fincas que se resisten a desaparecer, las siembras de patilla, las hieleras, etc.

Lo que necesita esa área de unos 14 kilómetros de extensión es un impulso decidido y la firme intención del gobierno, aunadas gobernación, alcaldía, población y demás entidades del sector público, de planificar y ejecutar proyectos en función de su promoción y desarrollo.

La cesión de espacios para levantar estructuras destinadas a albergar las actividades productivas, la apertura a iniciativas foráneas, las facilidades para la constitución e instalación de empresas, y otros factores como la conformación de centros administrativos que concedan todas las ventajas posibles desde el gobierno regional y nacional en aras de que no existan trabas que desanimen al inversor, son de vital importancia para alcanzar ese objetivo.

El presidente Nicolás Maduro acaba de otorgar una cantidad importante de recursos a la creación de  la Zona Económica Especial de Guarenas-Guatire del estado Miranda y al eje Maracaibo, San Francisco, en Zulia, que no son otra cosa que dos zonas industriales compuestas por numerosas fabricas, y las oficinas del sector público que agilizaran las gestiones y tareas administrativas que deriven en permisos y autorizaciones.

Mermada, pero la tenemos, lo único que se requiere es retomar su vocación original y brindarle auge. Algo difícil más no imposible. 

 

 

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