Tarde de viernes santo: “tu alma llora junto a la cruz”

Una solitaria catedral Divina Pastora de Tucupita respiraba con aire de tristeza y soledad como si fuera la madre de Jesús muerto en la cruz.

El ícono del catolicismo en Delta Amacuro, no mostró a nadie, permanecía con su portón de madera cerrado, triste, solitario y con los accesos principales con cadenas y candado.

Apenas algunas personas pasaban por las calles que bordean la catedral, y apenas asomaban hacia la estructura como rezándole a Dios, una mirada a su cúpula, otra a las rejillas y algunas miradas a las ventanas, acompañaba en la mente de la feligresía que este año no fue un Viernes Santos a su catedral.

En el fondo, una radio con la voz del monseñor Ernesto Romero, dejaba escapar cierto de aire de lo que pesa el pecado y la muerte: “Padre, sana a todos los enfermos  que sufren del virus (…), acude a nuestra ayuda en medio de la propagación global del coronavirus para que podemos sentir tu amor curativo”.

Un rezo de Ave María, un Padre Nuestro, un ruego por la paz, por la vida, por los médicos y los enfermeros que arriesgan su vida en los hospitales, se escuchó en la voz de Ernesto Kiko Romero. En la radio estaba el viernes santo, pero en la catedral, la pasión y muerte de Cristo ocurría.

En medio del coronavirus, una estructura icónica era el espejo de Judea que en la época de Cristo temió el Hijo de Dios, fuera más popular y generara un ambiente recalcitrante para los poderosos de aquellos tiempos.

Un día antes, se había producido un negocio con Judas Iscariote, así como el nuevo coronavirus, negoció con la muerte.

Tarde de viernes santo, miras al hijo muerto, me miras luego a mí.

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