Los Tom y Ton están peleados.

Uno, el vocero de siempre, el otro, protagonista de la nueva guerrilla comunicacional deltana.

Intentaron mantener el debate puertas adentro, sin embargo, como corresponde a los buenos e intensos comunicadores la diatriba trascendió.

Ambos quieren apoderase de la tarima principal del gobierno, ocupando la mayor cantidad posible de tribuna en todos los espacios a mano.

Se dice que, como telón de fondo podrían estar la gobernadora y el constituyentista, instando y arreando a los protagonistas. No hay evidencia firme de ello.

La presencia de ambos, sus características personales, sus naturalezas fuego y fuego, es lo que da fogaje al pulso, atribuyéndose los Tom y Ton, según la tendencia a que obedezcan, la legitimidad de la vocería de la revolución y la pureza, originalidad y pertinencia de la ideas.

La polémica cayó incluso en lo personal, acusándose solapadamente de haber hecho mayor o menor daño al chavismo, según las responsabilidades que ocupó cada cual en el proceso, lo que suponen otorgaría en definitiva el triunfo a uno de ellos.

En el medio, los medios han llevado lo suyo, al ser coprotagonistas de la batalla por tratarse de las ventanas naturales de cada sector; se les acusa de favorecer a uno u otro, cuando en realidad están más caídos que el hijo de Lindbergh y tratan de cuidar, como es natural, sus intereses.

En esa contienda fueron involucrando a uno u otro ámbito del PSUV y del gobierno, hasta que todos terminaron metiéndose; de esa magnitud es la refriega.

Donde irá a parar todo esto, no se sabe, ni la gobernadora ha podido mediar convirtiéndose por fuerza de circunstancias en la figura de respaldo de uno de los combatientes.

La hostilidad comunicacional está que arde y no es contra la oposición, va por dentro y en la externalidad del chavismo, y no hay un claro ganador.

Trapos de casa que se lavan fuera, menudencias que van adquiriendo grosor y fuerza y no hay quien las detenga. La guerra de Ton y Tom.

 

 

 

 

Loading...