Aquiles Amares / Archivo de Tanetanae.com.

Aquiles J. Amares P.

Desde tiempos ha, tengo memoria de su presencia sólida, de gris herrumbroso. Mostrando un letrero degradado por el tiempo, que anuncia una antigua institución administrativa del preciado líquido.

Algunos vecinos lo mientan “tanque de agua”. Sin embargo, en ciertas películas del imperio cinematográfico, con doblaje de manitos norteños la plasman así; “Torre de agua”.

Torre de agua brumosa en la mañana, torre de agua resplandeciente al mediodía, torre de agua de claroscuros citadinos nocturnos, figura difusa de tonalidades grises en tiempos lluviosos y tempestuosos, con flashes de intermitentes relámpagos.  Son diversas caras que transmiten los estados de ánimo de ésta robusta figura.

Cierto día sorpresivamente, anunció a toda la población del vecindario un movimiento telúrico de 7,4 en escala de Richter, balanceándose, gimiendo y emitiendo un nítido sonido de su naturaleza metálica.  Primera y única vez – que recuerdo –  ha dejado oír su voz profunda.

Por el contrario, las más de las veces desde su erección como obra monumental del periodo de la “democracia en acción”, ha sido testigo de hechos, silentes  y otros no tanto; incluyéndose sangre derramada sobre el caliente asfalto,

Por momentos  ha habido intentos circunstanciales, coyunturales – diríase epilépticos – de “ahora si,  de verdaíta”,  reactivarlo como obra para saciar la sed del pueblo de la tierra del agua.

Mientras tanto se mantiene como presencia referenciar del antiguo campo Texas, de residencia de los hombres y sus familias con dilatadas proles,  de la compañía gringa extractiva del oro negro deltaico; pesado, pero que sirve para poner en movimiento la mean machine capitalista, que movió y aún mueve el mundo.

Hoy yace enhiesto, a pesar del implacable tiempo, soportando las ocasionales visitas de algún frustrado suicida; quien amenazó con lanzarse al vacío “si Melania no regresa”, o de algunos amantes furtivos, generando hechos agridulces de la historia cotidiana.

Tucupita, 25 marzo 2.020 (D.C.), año cero del ataque biológico artero a la humanidad.

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