El trafico de combustible es cada vez mayor

Traficar combustible se ha puesto de moda. Lo hacen jotaraos y waraos, sin distinción de raza, genero o sexo.

No es necesario estar dos días en la cola en Volcán, la crisis nos ha puesto tan pilas que vamos a la estación de gasolina, llenamos el tanque del carro, luego sustraemos el combustible, lo vaciamos en pimpinas de 20 litros y las vendemos en 10.000. Negocio redondo.

Una vez allí, fuera del puerto de Volcán, en trojas cercanas, se van llenando los tambores de 200 litros, que luego son vendidos en unos 100 dólares en Guyana y Trinidad.

Es un delito genérico cuya recurrencia es común en Zulia, Táchira, Bolívar y Delta Amacuro, constituyéndolas en unas de las fronteras más permeables del continente.

Si a eso añadimos las sanciones impuestas, bastante leves, de carácter administrativo, esquivas a los traficantes de cuello blanco y exentas de cárcel, estamos ante un delito más redituable que cualquier otro tipo de tráfico.

Ni siquiera la gasolina a precios internacionales de las estaciones fronterizas ha podido frenar el flagelo, la crisis demanda formas distintas de obtener los recursos para vivir y muchos han escogido el camino más fácil, aunque suponga desangrar al estado venezolano y hacer mella en nuestra alicaída economía.

Por último, mientras haya oferta y demanda seguirá existiendo un cáncer que nada ni nadie saben cómo frenar.

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