Todo fino como dicen los chamos hoy día, sin embargo, nada es perfecto, da dolor e infunde miedo ver cualquier cantidad de jóvenes caminando a altas horas de la noche de regreso a casa o esperando taxis en las esquinas de Tucupita.

No se han reportado casos de robos u homicidios en la ida al hogar, pero el Carnaval apenas comienza.

Uno o dos autobuses por ruta, con funcionarios policiales a bordo, alejarían muchos peligros de nuestra juventud y aquietarían a sus padres, además de hacerlos una fiesta completa.

En Río de Janeiro o Tenerife, referencias mundiales de estas fiestas, hay transporte público toda la noche, sino pregunten.

No esperamos que las cosas pasen, seamos previsivos, así como se colocan colocamos autobuses de Transdelta a las puertas de eventos evangélicos masivos, coloquémoslos en el paseo al cierre de las festines del Carnaval, los paganos también tenemos derecho.

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