Transformación civilizatoria

Aquiles J. Amares P.

Sí, como lo leen respetados lectores.  Eso dijo el Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros; “Se está gestando una transformación civilizatoria de los pueblos para una nueva etapa mundial” (La Hojilla, sábado 11 abril pasado próximo). En correspondencia con el contexto global de pandemia que prevalece actualmente, son palabras dignas de consideración para el análisis de la coyuntura actual, digamos el quiebre y/o ruptura con una etapa pasada de ignominia contra el entorno natural, social y cultural en nuestra esfera madre, en el devenir de la humanidad introducido a partir de la modernidad.

Aunque suene paradójico, ya lo dijo un escéptico de excepción; E. M. Cioran, “El futuro pertenece a las barriadas periféricas del globo”, en reconocimiento a las reservas morales y principios de la humanidad que descansan en los pueblos invisibilizados, los “nadie” de Eduardo Galeano – Honor y Gloria a cinco años de su siembra -, y que representan una nueva oportunidad de un renacer de la humanidad.

A partir de ésta nueva etapa de la humanidad deben ponerse de manifiesto los saberes, conocimientos, valores culturales y las potencialidades que reposan en los pueblos –naciones o nacionalidades–, con visión y consenso pluricultural, distribuidas en todo el planeta y que han antagonizado persistentemente con un  Modo de Producción totalitario, dominante y hegemónico conocido como capitalismo con sus diversas concepciones y su proyección moribunda, la postmodernidad.

De ninguna manera esta nueva etapa que se vislumbra será lograda vía decreto en bandeja de plata. Será una lucha planteada y en pleno desarrollo, en esta encrucijada de la humanidad, contra un modelo racista, depredador y genocida que en tiempo perentorio pasará a engrosar junto al esclavismo, feudalismo y otros modos de producción occidentales los archivos históricos de un trágico recuerdo que no volverá. De manera que se vislumbra una nueva era que requiere de la manifestación, participación activa y protagonismo de los pueblos con todas las potencialidades morales y formas de organización social, y las posibilidades innovadoras reales de un nuevo relacionamiento con el entorno natural y social resguardado estoicamente por los pueblos de la periferia como lo mencionó –paradójicamente repito-, Cioran.

En el ámbito latinoamericano y caribeño, existen pueblos en resistencia que históricamente vienen enfrentando formas colonialistas, neocolonialistas y en términos actuales,  más concretos, antiimperialistas con suficiente reserva moral, espiritual, social y cultural para asumir los nuevos retos de una nueva humanidad en condiciones de comprender y asimilar los acontecimientos precipitados y delimitados a partir de la presente pandemia viral global.

La América aborigen, criolla, afrodescendiente y mestiza, es decir  pluricultural, posee un legado histórico constituido en patrimonio en el devenir como no lo posee otra región en el planeta.  Apelar a ese cimiento histórico patrimonial constituye la plataforma para perfilar el nuevo sujeto histórico social que impulsará sostenidamente un proceso liberador en vías de una real y autentica soberanía. De ello podemos mencionar un buen comienzo en el proceso educativo-formativo sustentado en el magisterio de El Libertador Simón Bolívar y su Maestro Simón Rodríguez, la Pedagogía liberadora del oprimido de Paulo Freire, entre otros educadores  de una larga lista, que un Estado Docente por y para las mayorías debe asumir responsablemente,  como lo señaló el maestro Prieto Figueroa.

Este proceso debe ser revisado críticamente,  romper e ir más allá de las dicotomías capitalismo y socialismo, ciudad y campo (Urbis et ruris: ¿Contradicción superable? Año 7, N° 13, julio –

Diciembre 2018. www.revista-humanartes.webnode.es), entre otras, en la ruta de un nuevo horizonte de inclusión verdaderamente popular para el empoderamiento de las mayorías pluriculturales.  Nuestro continente ha sido prodigo en la elaboración de nuevos conocimientos, teorías, diversidad cultural de los pueblos y una densa producción intelectual surgida a partir de las luchas sociales y la academia militante acompañante de estos procesos.  Tal es el caso de la Filosofía y Política de la Liberación iniciada al sur del continente por el Maestro Enrique Dussel –premio Libertador del pensamiento crítico-, a la cabeza de un numeroso grupo de intelectuales, lo que nos plantea un nuevo escenario de reconocimiento para la transformación genuina de nuestros pueblos a través de una nueva frontera; umbral al futuro conocida como Transmodernidad.  Eso como una breve mención, porque sería dilatado, referir los múltiples esfuerzos que se vienen produciendo, en procura de un autentico pensamiento Latinoamericano aunado a los aportes de otros pueblos y personalidades del mundo.

Venezuela, entre los aciertos y desaciertos, en plena crisis pandémica, está dando ejemplo de una certera planificación y gestión política en el manejo de la coyuntura actual. Esta práctica, “ejercicio” veryhard, por la cual pasa la población mundial demuestra que con la voluntad, responsabilidad y seriedad se pueden afrontar las crisis de manera solvente, enfrentando incluso un criminal y cobarde bloqueo imperial.  El pueblo sabe y sabrá entender el manejo efectivo de las circunstancias  y superación de los entuertos del momento, brindando su apoyo de sacrificio manifiesto.  Pero más allá de ello, se requiere de un gobierno que se deslastre de los elementos y factores endógenos negativos –llámese burocracia ineficiente y corrupción-, que dificultan el despliegue de una efectiva política sostenida y sostenible, de largo aliento para alcanzar metas teleológicas por la reivindicación del ser humano y creación de una nueva subjetividad colectiva de fines libertarios, emancipatorios y definitivamente soberanos.

Camarada Presidente obrero Maduro, Usted ha lanzado al ruedo político global y ecuménico una propuesta que abre la posibilidad, que nuestros pueblos transiten el duro camino, pero definitivamente es la ruta, de alcanzar en tiempo perentorio las añoradas alamedas que el Presidente mártir Allende anticipó.  No es momento de cantar victorias -estamos de acuerdo- pero el compromiso que todos tenemos con nuestro glorioso y memorable pasado de pueblos, sus héroes y libertadores,  nos lo exigen en el presente. Hay que depositar confianza en los sujetos y su relación intersubjetiva sinérgica para vislumbrar un nuevo futuro para la humanidad. Le tomamos la palabra y depositamos en su persona la  confianza en la conducción certera del transporte que nos permita avanzar, avanzar y avanzar hasta vencer. Salud.

Tucupita, 15 abril 2.020 (D.C.); año cero del ataque biológico artero a la humanidad.

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