El cierre policial del homicidio de Grégori Aguilera, mejor conocido como “El capullero”, arrojó conclusiones dignas de un caso de Investigación Discovery.

Descubiertos los responsables, lo que en un principio parecía ser un robo mal encaminado que terminó por convertirse en un crimen, dio un viraje impensable que sorprendió incluso a los experimentados investigadores del Cicpc.

Al parecer, Aguilera sostuvo tiempo atrás un trío amoroso consentido con las dos damas involucradas en su muerte. El joven en fuga fue sencillamente el instrumento empleado por las mujeres para ejecutar el cometido.

Una de las damas habría confesado a los pesquisas, que los tres sostuvieron relaciones intimas en varias ocasiones con plena aceptación de las partes. “Nadie obligó a nadie, todos estuvimos de acuerdo y disfrutamos el momento”, indicó.

Es a partir de ese entonces cuando comienza a generarse el torbellino de pasiones, que condujo al fatal desenlace.

Brigimar Baeza (18), alias “Candela”, estuvo detenida durante breves periodos de tiempo por delitos menores, sin perder de vista la relación que sostenía con Grégori e Isabel del Valle Díaz, mejor conocida como “Chávela”.

En una de las tantas veces en que se comunicaban, “Chávela” le habría manifestado a “Candela”, que era objeto de agresiones físicas por parte de Aguilera, llegando a niveles insostenibles que le hacían desear su muerte.

Su fiel amiga decidió tomar cartas en el asunto contactando al autor material, quien por una suma de dinero aun por determinar se ofreció a ejecutar el sicariato.

El ardid empleado para desviar la atención de las autoridades fue el de hacerles ver que Aguilera atesoraba una importante cantidad de dólares producto de su trabajo en la reconocida empresa Ángel del Orinoco, y que al supuestamente haberlo comentado a varias conocidos se filtró la información atrayendo la atención de los malhechores.

La noche del homicidio “Chávela” dejó una ventana abierta y por allí ingresaron “Candela” y el sicario disparándole a la victima a quemarropa en tres oportunidades a la cabeza. Aguilera murió al instante. El pistolero huyó raudo y veloz en una moto.

Algunos vecinos habrían observado la irregular situación sin atreverse a manifestarlo. Sin embargo, los rumores desatados entre los habitantes de casas cercanas contribuyeron a atar cabos enrumbando la investigación.

Cabe destacar que fue de vital importancia la pericia mostrada por los investigadores, que haciendo uso de su fino olfato detectivesco fueron desentrañando con rapidez los hilos de la compleja trama.

El intenso y efectivo trabajo del grupo de tareas del Cicpc, permitió que en apenas dos días ya se tuvieran a mano elementos de convicción que incriminan a las autoras intelectual y material del hecho –recordemos que Candela también ingresó a la vivienda ayudando al homicida-, y que justificaron su aprehensión.

La confesión de las mismas, una vez que se vieron descubiertas, fue el detalle final que llevó al total esclarecimiento del caso.

Queda aun varios cabos sueltos: se presume que no existieron los dólares a que hicieron referencia las cómplices; no se tiene claridad en cuanto a los posibles maltratos a que supuestamente Aguilera sometía a Chávela; y falta por atrapar el tercer involucrado, la persona que empuñó el arma y propinó los disparos.

Una pasión poco convencional que condujo a un trágico desenlace.

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