Tucupita, la pequeña localidad que reposa sobre cementerios de brujerías y de drogas

Tres mujeres fueron vistas totalmente desnudas, fumaban sobre una tumba que tenía huesos humanos y velas de diferentes colores. Eran las 12 de la medianoche cuando uno de los vigilantes del cementerio viejo de Tucupita pudo ver una especie de ritual. Llamó a la Guardia Nacional y  todas fueron detenidas. No obstante, él nunca las vio reseñada en algún medio de comunicación. Ellas desaparecieron. Aquella escena se repite casi a diario desde hace cinco años, cuando José Maurera comenzó a trabajar en ese camposanto.

Una toma panorámica del cementerio viejo de Tucupita.

En Tucupita estado Delta Amacuro, hay dos cementerios principales: “el nuevo” y “el viejo”. Ambos lugares han sido abordados a lo largo de los años por personas que buscan conectarse con el mundo de los muertos, para pedirles favores a través de la brujería. Otros acuden por placeres sexuales con cadáveres, mientras algunos por prendas u objetos que puedan posteriormente vender, es lo que revelan los vecinos que viven en comunidades cercanas a estos espacios.

Mapa de cómo llegar al cementerio nuevo de Tucupita.

La pequeña localidad se ha visto involucrada en eventos sobrenaturales. La superstición ha influido en la vida de varios deltanos. Este tipo de actividades se han hecho público sobre todo cuando han señalado a algún funcionario público de estar bajo la influencia de la magia negra y que, gracias a los espíritus, se mantiene en el poder. El señor Atanacio Gamboa, quien vivió hasta el año 2018 en la comunidad Paso Nuevo, en el sur de Monagas,  hasta que migró por la crisis hacia Colombia, asegura haber visto varios rituales satánicos mientras trabajó en el hato Santa Clara, un terreno amplio de la entidad monaguense, aunque cercano al estado Delta Amacuro.

Gamboa relata que en alguna oportunidad, junto a otros trabajadores, tuvo que arrear varios toros de pelaje negro, “porque el gobernador de Delta Amacuro elegiría uno”. Ese día por la tarde, cuando  todo el ganado debía estar de regreso a los corrales y bajo resguardo, arribó una camioneta verde, modelo Blazer. De allí bajaron dos mujeres, tenían unos 40 años como edad promedio, dos hombres armados y un señor que aseguraron era el gobernador.

La selección demoró hasta un poco antes de las cinco y media de la tarde. Pronto arrastraron un gran toro negro hacia un espacio abierto. Atanacio supuso que se trataba de un ritual satánico. Él no estuvo para el final, ni quiso revelar lo que después le contaron sus compañeros. Siente escalofríos y es de los que prefiere no recordar más. En los días posteriores, el hato Santa Clara fue objeto de leyendas que fueron reproducidas en coplas de la música tradicional de Venezuela, cuyos ecos resuenan en aquella desolada tierra, donde aseguran que hacían contacto con el desconocido mundo de los muertos.

Dos tumbas han sido profanadas en el cementerio viejo de Tucupita.

Solo entre los años 2016 y 2018, se conocieron públicamente los casos de al menos diez profanaciones de tumbas en los dos cementerios de Tucupita. Las causas son diversas, aunque las personas, familiares de los fallecidos, aseguran que todo apunta a ser por rituales y robos de objetos como, mármol, alguna prenda de quincallería y ropas.

Mapa de cómo llegar al cementerio viejo de Tucupita.

El señor Luis Moreno, vecino de la comunidad  Los Cedros, sector cercano al cementerio viejo de Tucupita, denunció que personas desconocidas profanaron la tumba de la hija de su sobrina y se llevaron el cuerpo. Este hecho ocurrió el pasado 5 de septiembre de 2018.

Los culpables intentaron remediar lo violentado, colocando una lámina de zinc sobre la tumba, detalló Moreno.

Este caso fue denunciado ante las autoridades, no obstante, el cuerpo de la niña nunca apareció.

En otro evento similar, la tumba de Naomi Lucía Holguín, un infante de dos meses y medio de nacida, fue profanada por personas desconocidas el 8 agosto del 2017.

La losa de la tumba fue hallada destrozada. El cadáver presentaba características de haber sido sacado del ataúd. Su vestimenta había sido revisada.

Los familiares de Naomi Lucía Holguín vieron un hueco que contenía restos de marihuana, latas de cerveza, condones, crucifijos y cabos de velas; una especie de altar para la santería.

Una tumba devastada en el cementerio viejo.

En otro caso, desconocidos profanaron dos tumbas y destruyeron una lápida en el cementerio nuevo de Tucupita. El hecho se produjo en horas de la madrugada.

Los obreros del cementerio nuevo y las personas que se dedican a cavar fosas, manifestaron en esa ocasión desconocer quiénes podrían ser los responsables de este hecho, ocurrido el pasado 19 de enero de 2016.

Las tumbas profanadas, así como la lápida destruida, pertenecían a entierros recientes, lo que da idea del horror de encontrarse con restos de carne humana descompuesta.

En esa oportunidad se barajaron varias hipótesis: brujería, ritos satánicos, venganza en la figura del difunto, apego enfermizo a los restos de una persona, entre otras.

Las profanaciones de tumbas han cobrado más auge en la Venezuela de la crisis. Diversos medios de comunicación han posteado informes que no distan de la realidad de los camposantos de Tucupita.

“Al menos 90% de las tumbas han sido profanadas, tanto por los que buscan prendas de oro en los muertos de otras épocas, como por los profanadores, que venden restos humanos con características específicas, a practicantes de diversas creencias religiosas que los solicitan para sus cultos”, dijo un trabajador del cementerio general de sur en Caracas, al medio de comunicación “Tal Cual”.

De acuerdo al informe del medio, las personas que profanan tumbas más viejas, buscan oro entre los restos humanos, aunque también llevan a cabo ritos de santería en los que se usan los huesos, como ocurre en Tucupita.

Niyoxelín Palma, una ciudadana de 38 años de edad, tiene 11 años viviendo cerca del viejo camposanto de Tucupita, donde asegura que no existe ninguna vigilancia.

Relató que los dos casos de profanación de tumbas que conoce, es el de un infante cuyo cuerpo jamás apareció desde septiembre del 2018, y el de la niña de dos meses a quien varias personas sacaron de la tumba en agosto del 2017.

Aseguró que en algunas partes del cementerio viejo suelen encontrarse objetos que parecen ser utilizados para hechizos, preservativos utilizados y hasta ropa interior de mujeres.

Escucha a la señora Palma.

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Ana Aumaitre, abuela de 76 años de edad, se mostró consternada por los ataques a las estructuras que están en el cementerio viejo.

El pasado sábado 20 de junio del 2020, fue a visitar las tumbas de algunos de sus familiares y observó que en la estructura que le construyó a su hermano, le habían robado tres vigas, además de haber quitado las tejas que tenía.

La señora Aumaitre señala a una de las tumbas.

Las personas desconocidas cargaron con tres vigas de metal, pero dejaron a un lado las tejas. La señora Aumaitre al ver lo sucedido, decidió resguardar el resto de los materiales en su casa.

Ana relata que a mediados del año 2019, las tumbas de sus familiares habían sido profanadas.  Las fotos de sus fieles difuntos que estaban en las lápidas,  fueron arrancadas y  arrojadas.

La señora Aumaitre mientras mira las fotos devastadas.

“Conseguimos todas, pero hubo una que nunca conseguimos”, dijo la señora.

Escucha a la señora Aumaitre.

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De acuerdo con el sociólogo chileno y experto en sectas, Humberto Lagos, las profanaciones de tumbas están generalmente asociadas a los ritos satánicos, en los que extraen restos humanos para realizar brujería y todo lo relacionado con ella, aunque destacó que, además de los fines espirituales, también existe una parte relacionada con orgías “con mucho tumulto”, explicó al medio de comunicación CNN Chile.

Según el sociólogo y experto en sectas, el tráfico de osamentas no es un problema menor, porque hay casos más macabros.

“Como el ocurrido en la Quinta Región, donde abrieron tumbas de jóvenes recientemente fallecidas para la realización de «pruebas de méritos», que consiste en prácticas sexuales con cadáveres”.

En Tucupita, oficialmente atienden los cementerios cada año, en las fechas previas al Día de los Fieles Difuntos.  En estos espacios no existe vigilancia permanente, como lo han denunciado las víctimas de las profanaciones de las tumbas. Apenas algunas personas van durante las noches a realizar un recorrido rápido, como el caso del señor José Maurera.

31 octubre de 2018.

Javier Arenas, director general de la alcaldía de Tucupita, informó sobre las jornadas de limpieza que se estaban llevando a cabo en los diferentes camposantos, a propósito del Día de los Fieles Difuntos.

16 de junio de 2020.

Loa Tamaronis, alcaldesa de Tucupita, informó que junto a la misión Venezuela Bella y la EPS  “Tucupita eres Tú”, recuperaban la capilla del cementerio viejo, además de un desmalezamiento general.

17 de junio 2020.

Lizeta Hernández, gobernadora del estado Delta Amacuro, denunció públicamente en una conexión de medios de comunicación, la actitud de personas desconocidas que- aseguró- “no respetan” los camposantos.  Su repudio  ocurrió a propósito de una nueva ola de profanaciones de tumbas, en medio del punto más álgido de la pandemia del coronavirus.

Hernández instó a los organismos de seguridad y a los consejos comunales de las diferentes comunidades, a trabajar juntos para defender lo “mucho o poco” que hay en los barrios y urbanizaciones.

Detenciones por profanar tumbas

29 de mayo 2017.

Dos personas que se disponían a robar en el cementerio viejo de Tucupita, casi terminan linchados por los residentes de las cercanías del lugar. Una comisión de la PNB se dirigió al lugar.

Los culpables residían en Alexis Marcano. Ellos fueron identificados como W.J de 35 años de edad y G.R.

“No la despedimos, nunca apareció”

Esa mañana  salió  al cementerio viejo para limpiar la tumba de su papá. A pocos pasos de estar frente a su padre, a un lado, vio una fosa totalmente devastada. La hija de su sobrina, que recién había sido sepultada hacía dos meses, ya no estaba. Él, vestido con apenas un short y un “guardacamisas”, corrió para reforzar lo que veía. Un escalofrío lo invadió. Se sintió confundido: sentía rabia, tristeza, pero a la vez miedo.

Ahora no para de pensar y de preguntarse, ¿qué habrán hecho con el cadáver?, ¿para qué se lo llevaron? Eran días de aflicción para  Luis Moreno, tío de una mujer que hasta ahora no ha podido despedir a su hija, no hasta que aparezca, o que alguna señal de Dios le asegure que está bien, junto a él.

El señor Luis limpia la tumba de uno de sus familiares en el cementerio viejo de Tucupita.

Luis Moreno es un hombre de 49 años de edad que vive frente al cementerio viejo de Tucupita, sector Los Cedros. Él siempre visita las tumbas de sus padres para mantenerlas limpias, pero el 5 de septiembre del 2018, le tocó vivir una escena que solo había visto en las películas.

La tumba de la hija de su sobrina que había fallecido dos meses antes, había sido profanada.

“Mi sobrina tiene 36 años de edad, es docente y vive en Curiapo. La hija de ella estaba muy enferma y murió cuando la trajeron al hospital. Dos meses después fue que sucedió ese macabro hecho”, relató Luis.

La estructura donde habían sepultado a la hija de su sobrina estaba abierta. No estaba el cuerpecito de la bebé, pero sí sus ropitas, una sábana y el pequeño ataúd. De inmediato corrió a su casa para informar a sus familiares.

“Se llevaron el cuerpecito desnudo, dejaron la ropita que llevaba puesto y todo lo demás. Aún nos preguntamos para qué se la llevaron”.

La tumba de la hija de la sobrina del señor Luis.

Luis prefirió darle parte a los medios de comunicación regional, mientras que, seguidamente, tomó un transporte público  y fue al Cicpc, donde denunció lo que vio.  Él no había desayunado, no tenía hambre, no después de ver algo macabro, repugnante.

Nadie vio nada, nadie sabe nada. La tumba quedó vacía y los funcionarios del Cicpc jamás resolvieron el caso. Ahora el lugar donde descansaba la niña,  está vacío. Los restos del  bebé desaparecieron para siempre.

La alcaldía de Tucupita colaboró con la familia para conseguir los materiales y volver a cerrar la pequeña tumba. Ellos también estaban consternados, no lo podían creer.

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