Tucupita se va sumando a la gran solución nacional para el transporte público: las perreras.

Nos ayudan de momento en nuestro afán de cumplir con la jornada laboral, ir de compras o acudir a los centros educativos, las distancias relativamente cortas que hay entre los sectores adyacentes al centro de Tucupita y la concentración de empleos en el casco urbano, sin embargo, los que laboran o viven en las troncales campesinas la tienen más difícil.

Por fortuna, el gran empleador, el gobierno, ha tenido consideraciones y en función de acuerdos con los trabajadores del sector público y la flexibilización de las políticas laborales, ha ido reorganizando los horarios para brindar facilidades que permitan cumplir con un mínimo de la jornada sin afectar el funcionamiento del estado.

La buena noticia es que cada vez caminamos más lo que beneficia nuestra salud y comienzan a observarse de nuevo las bicicletas, medio de transporte que abandonamos cuando se nos facilitó adquirir motos, algo que cambió ante los precios que tienen en la actualidad.

La mala noticia es que la situación tiende a agravarse, los precios de los lubricantes y de los repuestos se incrementan casi a diario tornándose inalcanzables para los propietarios de vehículos y los operarios de las empresas de transporte público.

Una encrucijada de caminos que nos conduce a las perreras como solución, mientras no surja algo mejor.

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