José Cedeño 

Son muchas las variables que se deben analizar para establecer las diferencias entre un árbitro y un buen árbitro. En todos los deportes se tienen los dos tipos de árbitros señalados con anterioridad, sólo que son contados los que cuentan con la posibilidad de ser un árbitro, aquel que actúa con equidad, justicia, probidad y equilibrio en los escenarios que le corresponde, y que no olvide el papel que representa en los deportes en los que se desempeña.

Desde el punto de vista de quien suscribe la presente columna es fundamental que quien aspire a convertirse en un buen árbitro, debe hacer un significativo esfuerzo en función de tener presentes: los estudios, los valores, la buena forma de hablar, la salud, la recreación, la preparación, el entrenamiento y la práctica. No quiere decir que a lo expresado no le falte algo, que pueda ser un ingrediente adicional que ayude a que quien practique el arbitraje, pueda convertirse en uno de los mejores.

En una pequeña consulta a integrantes de la disciplina futbol de salón, sobre las características que debe tener un buen árbitro, sobresalieron: la condición física, ética, autocritica, actitud respetuosa, honestidad y capacidad de relacionarse; cada una de las características antes señaladas puede tener varias ópticas, pero por ahora es necesario dejarlo como base para que cada quien se haga su propia autoevaluación en función de que cada persona diga para si mismo si es un árbitro o un buen árbitro. Tomando prestadas las palabras del estudioso Serrano Ruiz-Calderón, quien manifestó que “la práctica del arbitraje da pautas para reflexionar sobre lo que significa ser un buen árbitro, definición que consiste en alcanzar los fines del arbitraje”, para lo que sin dudas se debe hacer la correspondiente preparación.

Cuando se indica lo relativo a la preparación, se debe tener presente la que se realiza desde adentro, aquella que necesita del mejor de los acompañamientos para salir airosos en cada una de las presentaciones; no basta con solo correr la cancha ni aprenderse someramente el reglamento, sin el estudio correspondiente hincando los codos y fijando las sienes, repasando concienzudamente las actuaciones anteriores y modificando las prácticas erróneas, no se puede avanzar hacia el horizonte de convertirse en un buen árbitro. Hace falta quien haga cumplir el reglamento en los deportes, pero deben convertirse en los mejores, en aquella persona que motiva a los demás a seguir el camino de la conducta recta, el espíritu deportivo y la actitud idónea en todos los sentidos.

Es necesario que se den distintas lecturas en cuanto al árbitro que cada persona quiere llegar a ser: quedarse donde está, con lo básico, quizás no sea la mejor aspiración posible como integrante de la actividad deportiva donde se desempeña, avanzar un poco más es posible y ayudará en mucho. La pregunta es: ¿usted quiere ser un árbitro o un buen árbitro? Esa persona que en la actividad deportiva debe ser un protagonista subyacente y solapado, que pase desapercibido en su accionar cuando se desempeña en el marco de un encuentro.

La respuesta es de cada quien, y ofrece muchas oportunidades de superación para sí mismo. Amigos lectores, y amigas lectoras gracias por la oportunidad de cada encuentro, y nos leemos en la próxima. @joseceden.

 

 

 

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