Fotos: Yohel Moreno

La Fe ni se paraliza ni se detiene, puede tambalearse a ratos; ocasionalmente nos asaltan las dudas existenciales; solemos darle, según nuestro estado de ánimo, mayor o menor crédito al Señor; sin embargo, siempre está allí.

Prueba de ello fue el Domingo de Ramos “casa por casa” en Tucupita. Confinados al hogar, hubo un reencuentro con nuestra esencia cristiana.

Monseñor Ernesto Romero y los seminaristas del Vicariato Apostólico de Tucupita, recorrieron la capital deltana en varios de sus ejes cardinales: la carretera nacional, Guasina, San Rafael, Hacienda del medio y el centro, impartiendo bendiciones a su paso.

Desde las 8 am hasta el mediodía, a bordo de una camioneta descubierta, con un sonido de fondo instalado en un camión, acudieron al encuentro de los vecinos y las palmas, que esperaban desde muy temprano por la consagración.

De pie, arrodillados, con los ojos cerrados, uniendo las manos en señal de oración, absortos, mirando al cielo, waraos y jotaraos, salieron al paso de la caravana solicitando ser bendecidos.

Una nota de prensa, no para escribirla, más bien para recrearse en las fotos de Yohel Moreno. Nada de lo que redactemos tendrá mayor relevancia, basta con que veamos las gráficas y nos imaginemos el fervor de los tucupitenses. Un fervor yacente, oculto como un tesoro en las entrañas, al igual que la Fe.

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