Haciendo un análisis de los meses que hemos estado en cuarentena como consecuencia de la pandemia del COVID19, podemos observar que las medidas de confinamiento y distanciamiento físico, adoptadas para romper con las cadenas de contagio, han potenciado el uso de las redes sociales, como herramientas de comunicación; los  mensajes, las notas de voz, las video-llamadas y video-conferencias se han convertido en la vía más efectiva mantenerse en contacto.

Ante esta nueva dinámica, vale la pena observar el comportamiento que caracteriza a los Grupos en Redes Sociales; espacios virtuales donde personas con elementos comunes se encuentran, para facilitar y socializar la comunicación. Hay una infinidad de grupos conformados, desde los caracterizados por vínculos familiares, amistades, vecinos/comunidad, compañeros de clases, de trabajo, de militancia, incluso de promoción de productos y compra-venta, entre otros. 

En todos esos grupos, aunque su naturaleza sea distinta, podemos notar que hay un elemento común, que los integrantes publican, pero no reciben respuesta, ni interacción del resto. Cada quien dice lo que quiere decir, pero no se interactúa, no se intercambian visiones, no se llegan a conclusiones o decisiones, solo se intercambian informaciones inconexas. 

Esta realidad, nos invita a reflexionar sobre nuestras relaciones interpersonales, lo que comunicamos, y el respeto y consideración a las ideas y planteamientos de los otros, que pueden ser coincidentes o divergentes de los nuestros. 

La nueva normalidad, se ha venido creando, de manera casi imperceptible, en este tiempo. Y es nuestro deber como revolucionarios y revolucionarias, hacer humana a la humanidad, como decía el Padre Cantor Alí Primera, tenemos que irradiar positivamente en todos los espacios donde nos desenvolvemos. Si el objetivo es comunicarnos, entendiendo la complejidad de este tiempo, nuestra misión debe ser fomentar la empatía, a través de la atención activa y la conciencia plena, para darle la importancia y prioridad que merece cada tema y respetando a las demás personas, logrando una comunicación efectiva. 

Finalmente, queda de manifiesto, en este tiempo, que el contacto virtual nunca podrá sustituir a la comunicación personal, ya llegará de nuevo la oportunidad para reencontrarnos, y para valorar más los momentos, y a quienes nos rodean. 

Heryck Rangel | septiembre de 2020

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