Única fábrica de hielo en barra de Tucupita cerró en 2008 tras cinco décadas de alegrarnos la vida

Una visita a Toyota Parking, el establecimiento comercial de nuestro buen amigo, Alexander Domínguez, en busca de un repuesto, nos deparó una agradable sorpresa, un encuentro fortuito con la historia de Tucupita, que le cambió el rostro al temporal que sacudió la ciudad la mañana de este jueves, apartándonos de la realidad y sumergiéndonos en el mundo intemporal que hizo antesala al presente de la Sultana del Manamo.

Este es el relato del reencuentro con nuestro pasado.

Nelson Martínez, hijo de Jesús Martínez, pionero en compañía de los señores Felino Salazar y José Marcano, de la fabricación de hielo en barra de Tucupita, mantiene intactos sus recuerdos.

No en balde, de niño acompañó a su padre durante años en la única factoría de ese tipo que hayamos conocido en la capital deltana, hasta que cerró sus puertas hace una década.

“El ecocidio que se produjo tras el cierre del caño Manamo fue arruinando la pesca, al punto que ya no eran necesarios los grandes bloques de hielo; así como afectó el negocio, afectó la vida de muchas personas”, expresó.

En una charla tan nostálgica como hermosa, Martínez se abandonó a sus evocaciones. “Uno de los pioneros margariteños aquí en Tucupita, fundador de los pilones de trillar maíz, fue el señor Felino Salazar, quien luego fue ampliando la empresa, creó una torrefactora de café, donde tostaban, molían y vendían el grano. Luego una panadería y así fue, hasta que inició la fábrica de hielo en barra”.

“Esa fue la única fábrica que hubo aquí, en el Delta, en Tucupita. Cuando él no se sintió en condiciones de seguir adelante en su empresa, se la entregó a mi papá, Jesús Martínez (+) y al señor José Marcano, que aun sigue con vida, vive en calle Petión”.

“La fábrica estaba primero, en calle Manamo Nº 3, luego fue mudada a la calle Tucupita Nº 2, esa fábrica se mantuvo, casi los 50 años en mano de José Marcano y Jesús Martínez”.

Nelson, de mente vivaz y hablar copioso y fluido, se detiene a ratos en breves pausas que emplea para rememorar los momentos de dicha y tristeza, que vivió en la empresa familiar.

“Fue muy difícil seguir con la empresa, porque era muy costoso, ya que se tenía que comprar unos compresores grandes, se hacían los tanques que al principio eran de hierro y luego fueron de fibra de vidrio, y se les tenía que poner tubos de congelación, echándoles una solución salina para que se congelaran rápido”.

“Trabajé en el ingenio un tiempo, como parte integral de la familia, el hielo los compraban los pescadores del mercado y los que iban hacia la barra de Macareo, la fábrica se llamaba “Martínez y Marcano” ese era el nombre legal/registrado refrendando la identidad de sus dueños”.

“La fábrica fue cerrada definitivamente en el 2008, porque ya los equipos estaban viejos y costaba mantenerlos, también sus propietarios eran de avanzada edad, y no había quien la atendiera”.

En un momento de la conversación, le comentamos que fue mucho el hielo que se compró parar refrigerar la cerveza que se vendía en las verbenas, templetes y celebraciones de calle, iluminando el rostro de nuestro interlocutor. “Es cierto”, sonrió, “fueron muchas las birras que se enfriaron con nuestro hielo”.

A lo largo del encuentro nos acompañó su hermana Josefina Martínez, quien dijo, “aquella Tucupita era muy linda”.

“La fábrica le dio bastante progreso al Delta, más que todo a los pescadores, a mí me quedaron muchos recuerdos bonitos, viví momentos felices”, finalizó Martínez, al salir del trance en que cayó por el espacio de media hora que duró la plática, un estado espiritual que nos conectó con la infancia de los que vivimos aquella época en Tucupita, una niñez que no volverá.

 

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