Michel Kabchi y Verónica Brito, lideres de UNT en el Delta

Verónica se cansó de hacer el gasto. Bajo el argumento de ser la candidata de mayor potencial, con el cual muchos la impulsaron mientras se imaginaban castillos y riquezas, dejó alma, vida y corazón en la arena política. Huelga decir que vendió muy caras sus derrotas.

El afán tuvo su moraleja: desestimó seguir trabajando para otros. Aprendió a aguantarse las ganas.

Mas curtida, menos confiada, con mayor experiencia, con la ambición intacta, va dejando los potros correr mientras espera.

Conocedora de su potencial, sabedora de sus posibilidades, algo que solo brindan el aprendizaje y la experiencia adquiridos luego de dos durísimas batallas, se revistió de serenidad y paciencia.

Persistente en sostener un liderazgo que espera por sus mejores momentos, continúa construyendo sin prisa pero sin pausa su escalera electoral. A pesar de no ser ya la gran promesa, es la rosa más fresca y primorosa del rosal.

Al lado de Michel Kabchi, han hecho uso de la moderación como herramienta de lucha, en medio de las estridencias de otros partidos y candidatos, que anhelan comerse la fruta prohibida antes de tiempo.

Verónica sabe que en política son tantos los factores que juegan en contra o a favor, que un acelerador de partículas se queda pequeño ante la infinitud de los elementos entremezclados. No hay nada menos moldeable que la naturaleza humana.

Los tiempos de Dios son perfectos dicen unos, en política hay que esperar el momento preciso y no dejarlo pasar dicen otros, el momento que Verónica espera.

 

 

 

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