Cristal delantero del vehículo donde puede observarse el numero

Vergoña dirían los italianos, vergüenza, para más señas, exclamarían los latinos.

No hay otra forma de definirlo: “una verdadera vergüenza”. Después de 43 horas de una triste, parsimoniosa y pesada cola, a pleno sol y bajo la luz de la luna, según tocara, y en medio de la polvareda, apenas 21 carros habían ingresado al recinto de comprobación y compras de la base aérea.

A razón de 4 aires por vehículo, que no todos portaban esa cantidad, estaríamos hablando de unos 80 equipos. Al cabo de esos casi dos días, muy rudos por cierto, de peleas constantes entre pueblo y pueblo tratando por todos los medios de poner orden en la cola y evitar que se colaran, se le dijo al pueblo mesmo que los aires se habían agotado. De tan nobles que son los deltanos, solo les quedó refunfuñar y comentar, que sí así es la revolución no la quieren.

En estas dos fechas, 1 y 2 de noviembre, día el segundo de los Fieles Difuntos, con la excepción de unos 100 aires que habrían sido vendidos al personal de alcaldía y gobernación, 320 se fugaron por todos los agujeros de un enorme y vulgar colador instalado a gusto en esa gran farsa, que significó la operación Cambalache deltana.

Evento, que por cierto se dio el lujo de contar para su apertura con la presencia del Ministro para la Energía Eléctrica Luis Motta Domínguez y un pase presidencial. Con esa gala inaugural estaba imbuido de promesas.

La realidad resultó ser otra. Un montón de tristes tigres pululaban cada vez más frustrados y agresivos afuera, mientras se cocinaba la trácala a todo pulmón adentro. Menudo teatro del absurdo y madre burla.

Estamos hablando de un ejemplo de desrevolución galopante donde, en vez de profundizar los valores supremos del Socialismo, colaboración desprendimiento, compromiso, entrega, respeto, etc., cultivamos el ventajismo, el engaño, la mentira, la soberbia y la farsa.

Lo que se intenta hacer por un lado, una importante jornada ejecutada en todo el país, poniendo al alcance de los deltanos el más preciado de los aparatos para el hogar en el Delta, un acondicionador de aire, se patea por el otro. Y no digan que somos nosotros, todo se produjo bajo la supuesta atenta mirada de supervisores y autoridades nacionales del Ministerio de la Energía Eléctrica.

Dijo un General reconvertido en director de alto rango de la entidad ministerial, “la responsabilidad de esta jornada es de Corpoelec”, pues responsabilidad de Corpoelec será.

Vergoña.

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