Lo peor que puede tener un negro en su hoja de vida es ser arrimado y traidor. Esos son «negros con el alma blanca» decía mi padre, un negro con orgullo de serlo, y yo, que no discrimino porque vengo de allí, sostengo ese mismo dicho.

Son negros que solamente tienen, de esa fundamental y original raza, el color porque lo demás se lo inocularon los blancos, o sea, les modificaron el ADN convirtiéndolos en seres infértiles ¡¡¡Gracias a los dioses!!! Son híbridos sin definición.

El negro, el verdadero negro, es de estampa y porte guerrero, caballeroso y leal; que muere de pie y se despide de sus amigos, como lo hizo “Negro Primero” en el campo de batalla herido de muerte.

El negro nace con principios. El negro con el alma blanca es todo lo contrario. Es por ello que, al estar en medio de dos universos, carece de espacio propio y la pequeña parcela que ocupa es prestada; y el vínculo que cree tener como extranjero social, a lo sumo es utilizado por los blancos para hacer mandados, cargar agua para bañar al amo, sacar la basura y colocarla en el pipote del aseo y, a la hora de comer, come sobras en la cocina porque no es invitado a la mesa del amo. Pero en su interior está convencido de que «estar allí» sirviéndole al amo le dará status y hasta le tratarán como blanco.

Él no se cree negro, piensa que no se le ve el color¡¡¡ Claro que no es negro!!! Porque perdió el pedigrí, traicionó a la raza y se convirtió en un paria, renegado, desleal e infiel.

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