Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Las víctimas viven en la comunidad de Delfín Mendoza, en Tucupita.

La señora Martha González y su esposo, habían dejado encendida la bomba de agua, que solía estar en el porche de su casa. Este espacio está resguardado con rejas metálicas, y un  sólido paredón de concreto de más de un metro de altura.

Debido a las fallas en el suministro de agua  en la localidad, los afectados habían instalado una pequeña bomba de agua en el porche de su casa, con la que, al succionar, lograban abastecerse en horas de la madrugada.

Hace una semana, Martha y su esposo estaban terminando de llenar sus recipientes de agua. Dejaron la bomba encendida y se introdujeron en su casa para preparar el almuerzo. Ese día el agua llegó sin tener que pasar la noche en vela.

La pareja de Martha, al notar que no estaba llegando agua por la tubería, salió a verificar  qué era lo que estaba ocurriendo. Cuando  lo hizo, se percató de que la bomba no estaba en su lugar.

Todo ocurrió en cuestión de minutos,  alguna persona vio el equipo y, al verificar que la puerta principal que da al porche estaba abierta, aprovechó para llevarse la bomba, que estaba encendida: sus dueños olvidaron cerrar la entrada principal con llave.

El pasado 10 de enero, la bomba de consumo interno de  “planta  II” de la CVG, fue hurtada por personas desconocidas, dejando así sin agua a varios sectores de Tucupita, hasta este lunes 13.

En medio de la coyuntura, Martha y su esposo habían instalado su bomba, la que se robaron el mediodía, cuando apenas se descuidaron unos minutos, o de pronto, unos segundos.

Una bomba de agua está valorada en más de 6 millones de bolívares, unos 72 dólares al 13 de enero de 2020.

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