Ilustración de Tanetanae.com.

Eran las tres de la madrugada del miércoles 15 de mayo. Juan Zapata dormía en su residencia junto a su esposa. Él  confió en un sistema de seguridad y sus dos perros, pero estos les falló

Juan vive en una pequeño terreno habilitado para la cría de animales de corral,  ubicado en Villa Rosa, al norte de Tucupita. Este espacio de tierra está cercado por guayas eléctricas, y para complementar la seguridad, cuenta con dos perros.

Llegada la madrugada, cuatro hombres encapuchados incursionaron en el terreno de Juan Zapata. El silencio sorprendió, pero ya  estaban adentro, maniobrando para robar.

“¡Nos están robando los corderos!”, fue lo que Juan alcanzó decirle  a su esposa, y se levantó rápido.

Gracias a un foco de alto voltaje que alumbraba hacia su terreno, Juan pudo ver a los cuatro hombres encapuchados.

“Eran cuatro hombres encapuchados, tres de ellos de baja estatura y uno alto. Fueron los que se llevaron al padrote de los corderos y una de las crías que apenas tenía 6 meses”, detalló el afectado.

Media hora después de lo sucedido, él, junto a unos vecinos que habían escuchado los gritos de advertencia,  comenzaron a buscar a los culpables, pero fue tarde. A pocos metros de la propiedad lograron hallar unas marcas de carros y un cuchillo.

“Presumo que ese rastro de caucho, es donde se llevaron los animales”, dijo la víctima.

Juan no se explica cómo pudo haber ocurrido tal suceso, ya que el cerco eléctrico y los perros,  habían fallado.

Las personas involucradas en el delito usaron un saco pesado entre el cerco eléctrico, de manera que se abrió un “boquete” que les permitió pasar sobre él.

Una vez dentro del terreno, los perros no reaccionaron  al instante, y esto fue lo que facilitó la incursión.

En medio de la conmoción, la rabia y la impotencia, Juan llamó a la policía de Tucupita, pero no tuvo una respuesta esperada

“Dijeron que me iban a devolver la llamada después de elegir qué cuadrante mandarían”. Nunca llamaron.

“Mi esposa y yo decidimos no levantar una denuncia, porque prácticamente es perder el tiempo”, lamentó.

El señor Juan Zapata mantiene la esperanza de lograr dar con vida a sus corderos:

“Cuando la cordera pequeña se aleja de su madre brume, esperé que lo hiciera, pero nada”.

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