Ilustración de Tanetanae.com.

Al mediodía del pasado enero, las calles estaban desoladas. A esa hora se encontraba Miguel Ramírez, estudiante universitario de la UTD “Francisco Tamayo”, esperando por un autobús en la parada de la calle Pativilca de Tucupita. Él estaba con un compañero de clases. La tranquilidad duraría poco.

“Ese día no se me va a olvidar, fue la primera vez que me apuntaron con una pistola, y además, ese día yo  había presentado el proyecto final del tercer trimestre en informática”, relató Ramírez.

Mientras los dos jóvenes esperaban por el transporte público, en medio de la “soledad” que arropaba la calle Pativilca, el compañero empezó a revisar su celular. De inmediato, Ramírez le dijo con un tono de voz muy bajo: “guarda tu teléfono”, como si presintiese lo que estaba a punto de suceder.

  • Guarda tu teléfono que por aquí se ve peligroso.
  • Un momento, estoy enviando las fotos que nos tomamos hoy.

“Nosotros estábamos muy cansados, acabábamos de salir de clases, por eso preferimos sentarnos a un costado de la iglesia, el sol estaba muy fuerte, por lo que buscábamos algo de sombra, ahí pasó lo que más temía”, reseñó el universitario.

Un hombre de piel morena y corpulenta, que vestía una franela muy deteriorada de color azul, apareció repentinamente con un casco negro, y dando largos pasos, se dirigió hacia los dos estudiantes.

“Cuando lo vi, dentro de mí dije: este nos atracó, viene para acá y bueno… así fue”.

Cuando finalmente, el implicado estuvo en frente de ellos, este sacó un arma de fuego y los apuntó diciéndoles que les entregaran inmediatamente todas sus pertenencias.

“Habló muy rápido, parecía estar molesto y nos decía que no mirásemos a ningún lado, que si lo veíamos a la cara, nos iba a matar. Nosotros solo obedecimos;  le entregué mi bolso donde estaba mi Canaima (computadora portátil) y a mi compañero le arrebató el morral con su teléfono”, recordó el estudiante, quien  llegó a pensar que ese, sería su último día de vida.

Luego de que el hombre desconocido pudo arrebatar lo que llevaban los dos jóvenes, caminó hacia una moto azul que lo estaba esperando detrás de la iglesia San Antonio, y emprendieron la huida hacia “Barrio Libertad”, un sector que está a una cuadra del lugar de los hechos.

Pocos minutos después de lo ocurrido, el joven que había sacado el teléfono, no pensaba en otra cosa que no fuera el susto por el que habían atravesado, no quería mirar a ningún un lado, parecía que aún lo seguían amenazando de muerte, mientras caminaban en busca de un lugar que no estuviera muy solitario.

“Ese día presentamos nuestro proyecto, estábamos contentos, pero luego del atraco nosotros quedamos muy traumados. Hace falta más seguridad”, manifestó Miguel Ramírez, quien se lamentó por la poca presencia de funcionarios  policiales en Tucupita.

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