Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Eran las 11 de la noche del sábado 4 de mayo, cuando Samanta Valenzuela de 21 años de edad, decidió acompañar a una amiga que pretendía irse sola a su residencia, luego de haber tenido un compartir con ellos.

Samanta vive en el sector Delfín Mendoza de Tucupita, y ese día había organizado en su casa, un compartir con todos sus amigos de la universidad. Eran las 11 de la noche, ya todo se acababa y una de las amigas de ella se tenía ir.

“No te puedes ir sola, nosotros te acompañamos”, le dijo Samanta a su amiga.

Tres mujeres y un hombre, incluyendo a Samanta, fueron los jóvenes que se ofrecieron a acompañar a la amiga, desde el lugar del compartir, hasta su casa, y para llegar al destino implicaba caminar cuatro cuadras. Por seguridad, se desprendieron de algunas cosas materiales de alto valor monetario. Menos a quien acompañarían.

Cuando apenas faltaba una cuadra para llegar a la casa a donde iban, un auto de color gris, marca Elantra, se estacionó detrás de ellos. Pero los jóvenes seguían caminando.

“Nos robaron”, susurró uno, mientras aceleraban el paso.

De pronto escucharon: “párense y dennos todo lo que tienen”. Eran cuatro hombres armados con pistolas y encapuchados. Ellos eran altos. Todos vestían de negro.

De inmediato, ya estaban frente a los jóvenes, apuntándolos.

“No tenemos nada”, les dijo Samanta a los cuatro hombres.

“Si te reviso y tienes algo, te meto un tiro”, respondió uno de los encapuchados.

Luego de asegurarse de que lo que le decía la chica era cierto, vieron que solo una de ellos, cargaba un bolso color rojo, a lo que rápidamente intentaron quitárselo.

La joven amiga de Samanta se negaba a dárselos. Ella tenía ahí, un celular costoso, dinero en efectivo y otras pertenencias.

“Dáselo, no ves que nos pueden matar”, le dijo Samanta mientras tenían la pistola aun pegada a su cuerpo.

Finalmente, las personas desconocidas pudieron apoderarse del bolso y se marcharon rápidamente, dejándolos a todos petrificados.

Samanta y sus amigos terminaron de llegar a su destino, todavía traumados. Ellos no han logrado conciliar el sueño desde el día en que fueron apuntados con un arma de fuego.

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