Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Gabriela Martínez, una joven de 22 años de edad, apenas cumplía un mes de labor en un negocio ubicado en el sector Delfín Mendoza de Tucupita. Ese día recibió su primer pago de quincena. La felicidad le duraría poco.

La joven se desempeñaba como cajera del local, y para trasladarse desde su trabajo hasta su residencia, tenía que hacer un recorrido de media hora, aproximadamente.

Un mediodía del viernes 15 de febrero del presente año, Gabriela Martínez se retiraba de su trabajo. Las calles estaban desoladas, “no se escuchaba ni una mosca”, dijo Gabriela.

Ella, al emprender su camino hasta su casa, a pocos metros del negocio, un hombre corpulento y armado con una pistola de fuego, la sorprendió en una moto de marca Susuki: “dame todo lo que tengas si quieres seguir viva”, fue lo único que escuchó la joven. Ella accedió.

“No lo pensé dos veces, mi vida es más importante”, expresó.

Luego de eso, el hombre huyó, llevándose su primera quincena y otras pertenencias. Gabriela, todavía temblando por lo sucedido, regresó a su trabajo mientras se le pasaba el pánico.

Todo indicó no ser un buen día para Gabriela. No había comido, y con el primer pago, pensaba hacerlo. La suerte no la acompañó; un chaparrón de agua la entumeció, fue la gota de agua que rebasó el vaso, del día más miserable de su vida.

“No fue mi día de suerte, mi primera quincena y me robaron, aparte me tuve que ir con el agua casi a mitad de mi cuerpo por lo inundado que estaban las calles”, y Gabriela Martínez se puso a llorar para sus adentros.

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