Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Enrique López salía de su trabajo. Era mediodía y ya se marchaba a su casa. Con él, iba un compañero de labores, ambos caminaban por la calle Petión de Tucupita.

Era mediodía del lunes 27 de agosto, las calles estaban desoladas, el calor los acechaba. La pequeña ciudad descansaba, o al menos, una mayoría.

Enrique vive en El Jobo de Tucupita. Él labora en un local ubicado en la calle Petión.

Él y su compañero se dirigían a sus casas, en El Jobo.

Al final de la calle Petión, por la plataforma de Cable Imagen, Enrique sintió un fuerte golpe en su cabeza. De pronto, lo sujetaron.

Era un hombre corpulento, tenía sujetado a Enrique, al mismo tiempo, intentaba arrebatarle su teléfono inteligente y un cigarrillo electrónico.

Ambos forcejearon. Su amigo reaccionó, y este comenzó a arremeter contra él con continuos golpes al cuerpo.

El agresor se vio obligado a soltar a Enrique y huir corriendo por la misma calle.

Los dos muchachos estaban nerviosos, solo había sido un susto que no pasó a mayores consecuencias, pero todo hubiese llegado a un fatal desenlace por un celular y un cigarrillo electrónico.

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