Foto: cortesía.

El sacerdote Vilson Jochem convive con los indígenas de Delta Amacuro desde 2005. Allí intenta ayudar a los pobladores de esos caños a sobrellevar las duras condiciones en que sobreviven, agravadas por una ausencia casi absoluta de insumos y medicamentos. Ahora ha visto acercarse, y sin poder evitarlo, otra amenaza que se cierne sobre ellos: el regreso del sarampión, erradicado en esa región desde 1980.

Para el sacerdote Vilson Jochem era como si estuviese por comenzar el Apocalipsis.

Esa mañana de marzo, el grito de una mujer se escuchaba en el puerto de Nabasanuka. Todos comenzaron a asomarse desde sus casas de madera. Casi nadie podía ver lo que ocurría en las cercanías del ambulatorio, cegados por la neblina de la temporada y la humareda que se desprendía de los fogones con los que los waraos acostumbran a preparar, desde el amanecer, sancochos de morocoto con ocumo.

Junto a Juan Carlos Greco, otro misionero como él, Vilson se encontraba a tan solo 20 metros de la medicatura cuando vio venir desde el puerto a un hombre descalzo, con camisa rota y pantalón de gabardina desgastado, de esos que suelen usar los waraos luego de que son desechados en el vertedero de basura de Cambalache, en la cercana Ciudad Guayana. El hombre cargaba a un niño al que se le veían claramente las costillas, la piel estirada y una sonrisa involuntariamente tétrica. Tenía pequeñas manchas en varias partes del cuerpo.

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