Yelitza Santaella conquista Monagas adentro

A Yelitza Santaella se le ha hecho difícil Monagas, por suerte le esta agarrando el gusto y la vuelta.

Enviada a una misión por el Comandante Chávez sin opción de rechistar ni fecha de retorno, la viene cumpliendo a cabalidad, sin embargo es mucho más complejo de lo que jamás pensó.

Maturín tiene ínfulas de gran ciudad y la deltana continua siendo la misma muchacha humilde de cuando a Tucupita se llegaba un día después por caminos de tierra desde Clavellina.

Al mirar a través del espejo retrovisor y pisar los senderos de su infancia, ha entendido que la única manera de conjurar los demonios y ahuyentar los espantos, es hacer lo que mejor sabe y se le da, ir al campo monaguense.

La maestra de escuela, la india tucupitense, la alumna dilecta de Diosdado, no se quiere graduar de gobernadora monaguense para regresar a su terruño, sin antes haber hecho los deberes y culminar con un índice aceptable de popularidad.

Parece haber encontrado la fórmula, se atrincheró con un importante número de funcionarios públicos tucupitenses en la gobernación para evitar el filo de las espadas de la traición, le juró lealtad a Cabello, se lanzó en carrera desenfrenada a defender el proceso, pretende conservar arrestos de lideresa nacional, mantiene un frente abierto en el Delta, y se deja arropar por los municipios del interior. Aquellos que se dejan pasar la mano.

Y si al final del camino su tierra vuelve, para ella mejor, su verdadera patrona la espera en Clavellina, y aquí residen las querencias de su corazón.

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